Un gourmet llamado D’Annunzio – Rai Expo

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“Gabriele D’Annunzio , pues, no era lo que se dice un glotón, excepto por los helados, frente a los cuales perdía toda su contención de poeta inspirado y elegante: comía en cantidad exagerada, hasta llenarse el estómago.
Había en este hombre tan exigente y extravagante algunos rasgos infantiles, hasta el punto de que sus defectos a menudo se le perdonaban. Por ejemplo recordó toda su vida los dulces de su infancia en Pescara, y en especial el “parrozzo”, un pan dulce festivo para el que se divertía pergeñando lemas en dialecto de Los Abruzos “E’ tanto bono stu parrozzu novo che pare una follia di San Ciatté” [Es tan bueno este parrozzu nuevo que parece una locura de San Ceteo]. San Ceteo era el santo patrón de su ciudad natal.
Por desgracia D’Annunzio no podía gozar libremente de los placeres de la mesa como habría querido.
¡Es sorprendente! El hombre que había llevado a cabo el arriesgado “vuelo sobre Viena” durante la primera Guerra Mundial y que había tentado a la suerte en tantas acciones bélicas con su aeroplano, justo él tuvo siempre un religioso temor al dentista, tanto que se abandonó hasta el punto de que en sus últimos años se avergonzaba de compartir mesa con sus invitados.

Se alimentaba de platos blandos en una habitación reservada y luego se incorporaba a la conversación junto a los comensales, que habían terminado de comer en la monumental sala de la “Cheli”, el comedor donde estaba embalsamada su famosa tortuga.”

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