La ‘nduja a la conquista del mundo – Rai Expo

0
188

“Si hay una región injustamente desconocida en el campo de la gastronomía, esa es Calabria, donde es posible saborear especialidades que suscitan al tiempo placer y sorpresa.

Comencemos por la mañana. En lugar del típico desayuno, sobre todo si se está en Reggio Calabria en la buena estación, entra en una pastelería o en un bar donde te servirán una especie de brioche que se corta por la mitad y se rellena de helados extraordinarios, puede que acompañado de un vaso de horchata de almendras.

Si te encuentras por la parte de Pizzo Calabro, no te pierdas el helado recubierto de chocolate con forma de cono torneado y tan rico que, hasta hace un tiempo, estaba prohibido exportarlo fuera de la ciudad. Era preciso consumirlo in situ para estar seguro de encontrar todas las variaciones típicas de esta especialidad. Ahora la vigilancia se ha atenuado un poco y por tanto el mágico cono se puede encontrar también en los alrededores.

Pero pasemos a los platos para degustar en el almuerzo o la cena. Antes que nada las “cebollas de Tropea”, de color rojo y carnosas. Son tan dulces que se suelen consumir crudas arrancando un casco con el que coger, por ejemplo, un bocado de lentejas o de puré de guisantes.

Después del aperitivo se puede pasar a los caracoles al orégano, servidos en sopa sobre un pan duro tostado. Si no, hervidos con tomate los caracoles hacen una salsa óptima para la pasta.

Vamos ahora con la “mustica” o “rosa marina”, plato típico de Cirò y Crotona. Se trata de bianchetti (crías de la anguila) que se estiran al sol cubiertos de guindillas conservadas en aceite. A continuación señalamos el pez espada ahumado del estrecho de Mesina, una exquisitez que no tiene nada que envidiar a los salmones más célebres.

Si te queda algo de hambre, he aquí un queso inolvidable: el “butirro”, una especie de provola que esconde en su interior una deliciosa bolita de mantequilla.

Entre las curiosidades si subes a la Sila en dirección a la abadía de Serra San Bruno, encontrarás una rareza: fragmentos de toba ricos en micelio que se recogen en los bosques y que, regados con poca agua, dejan asomar de vez en cuando riquísimas setas comestibles.

Pero no podemos dejar el tema de Calabria sin señalar un postre original: el “turrón helado”, que parece un helado pero en realidad es una tableta compuesta de cedro, naranja, mandarina y caramelos con almendras recubiertos de chocolate.

Por último, para que te haga compañía durante toda la jornada, llegamos al legendario regaliz, que aquí es el mejor del mundo y se confecciona desde principios del siglo XVIII en variedades con aroma a menta, anís y violeta.

Se producen también licor, cerveza, chocolate y turroncitos, perfumes y dentífricos, todos con aroma de regaliz. Si pasas por Rossano, haz una parada en el museo del regaliz, es único en Europa.”

NO COMMENTS