El trabajo infantil no se da solo en las fábricas

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“La historia de Mayura (nombre ficticio) no es muy diferente de la de cien millones de niños que en lugar de ir al colegio están obligados cada día a trabajar en las zonas rurales de África, Asia, Hispanoamérica, Europa y Norteamérica, contribuyendo a la producción de muchos productos que bebemos y comemos de forma habitual.

Estos niños están por todas partes, a menudo escondidos en los pequeños campos de tomates o en las grandes plantaciones de algodón, en pesqueros o en las zonas montañosas y en los bosques. Caminan kilómetros y kilómetros para buscar leña y agua, llevan los animales a pastar o simplemente desempeñan trabajos domésticos durante todo el día. El trabajo infantil perpetúa un ciclo de pobreza para los menores involucrados, para sus familias y a menudo para las propias comunidades de origen.

98 millones de niños trabajan en el sector agrícola

Los datos son muy claros: según los cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en muchos países el trabajo infantil es sobre todo de carácter agrícola. Además, el 60 % del trabajo peligroso desempeñado por niños de edades comprendidas entre los 5 y los 17 años es en el sector agrícola, incluida la pesca y las explotaciones ganaderas. De un total de más de 168 millones de víctimas del trabajo infantil, 98 millones desempeñan trabajos relacionados con la agricultura. La mayoría (67,5 %) la conforman menores que trabajan dentro del núcleo familiar y que no perciben ningún salario. A menudo empiezan a trabajar muy temprano, a edades comprendidas entre los 5 y los 7 años, y sobre todo las niñas desempeñan ya desde los 5 años tareas domésticas dentro y fuera de casa.

Son muchos los riesgos y los peligros de accidentes mortales.

La agricultura es uno de los tres sectores más peligrosos, junto con la construcción y la minería, en términos de mortalidad en el trabajo, accidentes no mortales y enfermedades e infecciones contraidas a raíz de trabajos agrícolas, por ejemplo en el uso y tratamiento de sustancias químicas y pesticidas.
Los menores empleados en la agricultura suelen trabajar largas y pesadas jornadas, además de soportar temperaturas extremas. Entre los mayores riesgos se cuentan aquellos relacionados con el uso de materiales peligrosos y afilados como cuchillas, o maquinarias como tractores. Muchos niños pueden resultar heridos o morir por caídas de árboles donde recogen fruta, o mientras atienden a animales, o corren riesgo de ahogarse durante inmersiones en actividades pesqueras.

No solo la pobreza está en el origen del trabajo infantil

La pobreza es claramente uno de los factores principales que empuja a las familias a hacer trabajar a sus propios hijos en lugar de mandarlos a la escuela. Pero no es el único. La falta de oportunidades de trabajo para los adultos, las tecnologías inadecuadas que mantienen baja la productividad del trabajo agrícola y un escaso acceso a estructuras educativas en las zonas rurales contribuyen al trabajo infantil. Además, la peligrosidad y los riesgos relacionados con el trabajo agrícola a menudo no se perciben, mientras que la participación de los niños en las actividades económicas de la familia se acepta de forma tradicional y se considera una importante etapa en el aprendizaje.

No todo el trabajo desempeñado por los menores es de naturaleza peligrosa

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